Trastorno
por déficit atencional con/sin hiperquinesia.
Su tratamiento con precursores de las aminas
biógenas cerebrales / ADHA (Fundación
para la investigación del Déficit
Atencional e Hiperquinesia) Dr. Tito Antonio
Rosan, Dr. Humberto Mesones Arroyo / Presidente
y Secretario de ADHD www.adhd.com.ar
Trastorno por déficit atencional
con/sin hiperquinesia. Su tratamiento con precursores
de las aminas biógenas cerebrales / ADHA
ALCMEÓN
22, vol. VI, Nº 2, 122-135, 1997.
Sumario
Este trabajo de investigación clínica
presenta un grupo de 56 pacientes con diagnóstico
de Trastorno por Déficit Atencional con/sin
Hiperquinesia, de entre 6 y 19 años de
edad, tomados de modo randomizado sobre un conjunto
de 340 historias clínicas de consultas
de primera vez, en un período de 5 años.
Todos los pacientes fueron tratados con "precursores
de las aminas biógenas cerebrales",
un 37,50% en forma exclusiva con éxito
terapéutico, en tanto que los restantes
necesitaron el agregado de fármacos psicoactivos
para reforzar el tratamiento y alcanzar la mejoría.
Se establece una distinción entre pacientes
con hiperactividad y sin ella, otros con antecedentes
o manifestaciones actuales de trastornos esfinterianos
(enuresis y/o encopresis) y también una
proporción de pacientes con vínculos
primarios de parentesco (hermanos).
En todos los casos se procedió a cuantificar
en orina de 24 horas la excreción de feniletilamina,
adrenalina, noradrenalina y dopamina, encontrándose
en una alta proporción de casos una disminución
significativa de dichas sustancias; dicha disminución
se interpretó como indicativo de una baja
actividad de las mismas en el sistema nervioso
central, coincidente con el cuadro clínico
de déficit atencional con/sin hiperquinesia.
En base a los resultados obtenidos se discute
la consistencia de estas observaciones como sustrato
neurobiológico (biomolecular) del mencionado
trastorno.
Introducción
El déficit atencional en los niños
es un trastorno cuya incidencia es bastante mayor
de lo que con una mirada superficial podría
inferirse. Sólo los padres y el resto del
grupo familiar primario tienen cabal cuenta de
los padecimientos de estos niños y a su
vez de lo que implica convivir con ellos. La preocupación,
que puede alcanzar niveles de angustia, el desconcierto
y el abatimiento, son consecuencias frecuentemente
observadas en estos padres. Muchas veces éstas
se acentúan por cuanto el transcurso del
tiempo y los sucesivos fracasos terapéuticos
terminan por anular toda esperanza. Pero no sólo
los padres son auténticos conocedores de
las características de estos niños,
sino también, desde otra perspectiva, los
maestros y profesores que los tratan en la escuela
o en el colegio, quienes son coprotagonistas de
las peripecias que ocasionan en el proceso de
aprendizaje y de la conducta perturbada que suelen
presentar. Los médicos que habitualmente
realizan el abordaje terapéutico de estos
niños, buenos conocedores también
de las penurias y dificultades que implica la
crianza y educación de un niño con
deficiencia atencional, deben saber perseverar
pacientemente en la búsqueda de un tratamiento
eficaz.
Padres, maestros y médico tratante conforman
una trilogía en la que debe apoyarse todo
intento terapéutico. Los primeros, con
la clara conciencia de que el hijo padece un proceso
mórbido y es la primera víctima
del mismo, deberán con paciente esfuerzo
aplicar el principio de "trato desigual para
hijos desiguales", y con esta base no claudicar
en el gobierno firme y a la vez comprensivo del
vástago. Los maestros y profesores constituyen
un eficaz puntal en el manejo adecuado de estos
niños, si saben notar que se hallan frente
a un alumno que requiere una atención más
personalizada y un seguimiento muy cercano, en
razón de una mayor o menor dificultad atentiva
que obra como una "discapacidad" (no
necesariamente definitiva), y no frente a un mal
educado o un vago. Ellos, los docentes, suelen
ser muchas veces los primeros en detectar que
el problema del niño radica en una distractibilidad
pertinaz, por cuanto en el hogar lo que habitualmente
se observa primero es, con mayor frecuencia, su
actividad exagerada. Finalmente, es muy deseable
que el médico tratante sepa calibrar con
fineza el grado de perturbación que presenta
el precoz paciente, comprender la ansiedad y muchas
veces la impaciencia de los padres y conocer,
también, el esfuerzo particular que conlleva
para los maestros el trato más estrecho
que requiere este alumno. Es imprescindible, a
su vez, que los padres y los docentes entiendan
que el tratamiento médico eficaz (no meramente
sintomático) del niño con défict
atencional puede ser más o menos largo
en el tiempo, aceptando esta realidad con las
disposiciones apropiadas para "no bajar los
brazos" y sostener el esfuerzo adicional
que demanda este niño.
Cuadro clínico
Como su nombre explícitamente lo indica,
el Trastorno por Déficit Atencional en
el niño se caracteriza por una importante
dificultad de éste para poder concentrar
su atención en un objeto. La atención
voluntaria, aquella por la cual nos enfrascamos
activamente en la captación de lo que nos
interesa aprehender, está en estos niños
significativamente disminuida a expensas de la
atención espontánea, esto es, presentan
un claro predominio de ese componente de la atención
que no está sujeto a la voluntad, sino
que, por ser "flotante", es atraído
por estímulos de variada calidad e intensidad,
los cuales en condiciones de normalidad no alcanzan
a desviarnos del foco atentivo. Explicado de una
manera más sencilla, el niño no
puede mantener su atención concentrada
más allá de un tiempo breve, luego
del cual la misma es "captada" por algún
estímulo extrafocal de intensidad muchas
veces subumbral para otros niños que pudieran
acompañarlo. Éste es el meollo de
la morbilidad que padece y que, con práctica
simplicidad, suele llamarse "distracción".
El exceso de actividad o hiperactividad que con
frecuencia presentan estos niños es, a
nuestro juicio, una consecuencia de la citada
perturbación de la atención. Al
compás de los estímulos que sucesivamente
atrapan su atención espontánea,
el niño viaja de un punto a otro, incapaz
de resistirse a los mismos. Esto deviene en movimientos
y acciones rápidamente cambiantes, en una
actividad más o menos incesante, que se
torna molesta y de difícil contención:
así adquiere la condición de hiperactivo.
Lo más común es que padres y hermanos
noten primero la hiperactividad en la vida doméstica,
descubriéndose, como un agregado, la atención
dispersa en el desempeño escolar. Efectivamente,
los maestros se encuentran frente a un niño
inquieto y distraído a quien le cuesta
seguir los temas tratados en clase y que con frecuencia
termina por movilizar a los compañeros
que tiene a su lado. Llegan así a manifestarse
los dos problemas que más repercuten en
el transcurso de su escolaridad: bajo rendimiento
en el proceso de aprendizaje (calificaciones insuficientes)
e incumplimiento de las normas establecidas (faltas
disciplinarias).
Si bien la deficiencia atentiva y el comportamiento
hiperactivo son los dos elementos clínicos
más relevantes, no es infrecuente observar
en estos niños rasgos de impulsividad que
los hace propensos a los accidentes y exagerados
en algunas respuestas conductuales, muy visible
esto sobre todo en el ámbito familiar.
El cuadro que llegan a configurar los niños
que padecen este trastorno puede completarse con
manifestaciones de retraso psicomotor y déficit
cognitivo: torpeza en la ejecución de actos
simples, dificultad objetiva en el desarrollo
de la escritura y un retardo específico
en la adquisición del lenguaje. Sin embargo,
en la mayoría de los casos, las carencias
descriptas no van acompañadas de deterioro
del cociente intelectual (CI), el cual es habitualmente
normal o superior. Algunos niños con esta
patología, proporcionalmente pocos, pueden
presentar enuresis.
Para acabar un poco mejor la idea que intentamos
transmitir, puede concluirse que los síntomas
principales que presentan los niños afectados
por este trastorno son: deficiencia de la atención
o atención dispersa, hiperactividad (no
siempre presente) e impulsividad. El déficit
atencional -para nosotros, el síntoma fundamental-
se pone en evidencia en aquellas situaciones que
requieren atención sostenida, como ser:
atender en clase las explicaciones de un profesor,
estudiar un texto o hacer las tareas en su casa.
Así, el trabajo escolar se torna descuidado,
desorganizado e incompleto. Este síntoma
también se nota por la notoria dificultad
en seguir las reglas de un juego estructurado.
La hiperactividad suele manifestarse en la imposibilidad
de permanecer sentado largo rato (moviéndose
continuamente en el asiento), correr con mucha
frecuencia, molestar a sus compañeros de
clase y manipular objetos sin finalidad determinada.
La impulsividad queda evidenciada en cierta precipitación
visible en determinadas oportunidades: comentarios
fuera de lugar, emisión de respuesta antes
que se haya completado la pregunta, no terminar
de escuchar las instrucciones de una tarea antes
de iniciarla, interrumpir abruptamente la exposición
de la maestra o de un profesor, interferir las
tareas de otros niños en clase o la imposibilidad
de esperar su turno en un juego colectivo.
Constituido el cuadro clínico con las
características expuestas, una visión
global permite ver un niño con falta de
persistencia en aquellas actividades que requieren
la participación de procesos cognitivos,
tendencia a cambiar de una actividad a otra sin
terminar ninguna, actividad desorganizada y/o
excesiva con dificultades durante los años
de escolaridad (bajo rendimiento en el aprendizaje
y problemas de conducta) y una actitud general
de descuido. Suele incurrir en transgresiones
con bastante frecuencia, aunque sin premeditación.
No es raro que tenga un comportamiento social
indiscreto, desinhibido y molesto. El descontrol,
casi constante, resulta previsible, por lo cual
genera desconfianza e irritación en padres
y maestros, así como rechazo en hermanos
y compañeros, lo que hace que tienda a
convertirse en un niño aislado. El fracaso
escolar y el aislamiento, sumados a la correcta
percepción de la realidad y de sus limitaciones
frente a ella, pueden provocarle acentuados sentimientos
de frustración con importante afectación
de su autoestima.
Generalmente las dificultades de estos pacientes
persisten durante los años de escolaridad
y adolescencia, con una gradual mejoría
de la deficiencia atentiva y de la hiperactividad
al ir avanzando hacia la edad adulta. Una vez
alcanzada ésta, en pocos casos permanece
alguna sintomatología residual. Sin embargo,
la espontánea evolución favorable
con el progreso de la edad no debe inducir a una
suerte de conformismo e inercia por parte de los
padres (principalmente) y del profesional médico,
por cuanto existe una alta probabilidad de establecimiento
de complicaciones secundarias de difícil
resolución: baja autoestima y conducta
inadaptada al medio social.
Dicho con anterioridad en forma accidental, es
conveniente ahora insistir y dejar en claro que
no siempre el déficit atencional en el
niño va acompañado de hiperactividad.
No es infrecuente que esta perturbación
atentiva se manifieste en niños cuyo nivel
de actividad permanece sin modificaciones significativas
respecto de lo esperable para su edad.
Material y métodos
Se procedió a realizar una selección
randomizada de 340 historias clínicas de
pacientes atendidos por primera vez en consulta
privada (Dres. H.L. Mesones y T.A. Rosan) entre
el 1º de enero de 1992 y el 31 de diciembre
de 1996, lo cual representa un período
de 5 años. De entre ellas se obtuvieron
56 historias clínicas de pacientes con
diagnóstico de ADD/ADHD, correspondiente
a un grupo etario de entre 6 y 20 años
cumplidos, esto es, de 6 a 19 años inclusive.
El seguimiento evolutivo en base al tratamiento
instituido tuvo un mínimo de 6 meses y
un máximo de 2 años, aunque la mayoría
de los pacientes fueron controlados durante períodos
más prolongados. En todos los casos se
solicitó a los padres y a los pacientes
adolescentes que se abstuvieran de informar a
los docentes (maestros y profesores) sobre el
tratamiento en curso, a los efectos de recabar
oportunamente la opinión de los mismos
en cuanto al rendimiento en el aprendizaje y a
la conducta de los alumnos.
Los estudios de neuroquímica cerebral se
realizaron en el Laboratorio de Bioquímica
de los Dres. Spatz (Buenos Aires), sin que los
profesionales de dicho Laboratorio tuvieran dato
alguno de la clínica de los pacientes a
los que se les efectuaron las determinaciones
de metabolitos urinarios. Las sustancias que se
tuvieron en cuenta para este estudio, detectadas
y cuantificadas en orina de 24 horas, son las
siguientes:
Los métodos de laboratorio utilizados
para el dosaje urinario de las citadas sustancias
son:
1. Para Feniletilamina: Método de
Spatz
2. Para Adrenalina: Método de Mattock
3. Para Noradrenalina: Método de Mattock
modificado
4. Para Dopamina: Método de Mattock
modificado
En aquellos casos (2 pacientes) que presentaron
en su cuadro clínico elementos que podían
sugerir algún compromiso de las funciones
cognitivas y/o de la sensopercepción, se
solicitó al Laboratorio la determinación
urinaria de N,N-dimetiltriptamina (DMT), siendo
positivo el hallazgo de este metabolito indólico
anómalo (HC Nº 6.239 y HC Nº
6.812). Su detección y cuantificación
en orina de 24 horas se realizó mediante
Cromatografía Gaseosa.
Las historias clínicas que se utilizaron
en esta investigación se pueden apreciar
en las Tablas 1 y 2.
Resultados
Pueden apreciarse en la Tabla 3.
Discusión
En primer lugar cabe destacar una supremacía
en la incidencia de este trastorno sobre el sexo
masculino, en una proporción aproximada
de 7 a 3. La edad promedio de la población
estudiada (11,98) nos señala el hecho de
que las consultas de primera vez se efectuaron
de modo tardío. Esto puede entenderse como:
1. Una dificultad de los padres en reconocer
o aceptar la existencia de la patología,
traduciéndose en una lamentable tardanza
en acudir a la consulta psiquiátrica, y
2. Una tendencia de los padres en recurrir primero
a profesionales de otras especialidades, como
ser pediatras, clínicos generales, psicólogos
o neurólogos.
Es también evidente que la forma de presentación
de este trastorno se acompaña mayoritariamente
de hiperactividad, esto es, déficit atencional
con hiperquinesia (ADHD), guardando una relación
aproximada de 3 a 1.
La existencia simultánea o antecedentes
de trastornos esfinterianos se observa en una
proporción (16,07%) que bien puede considerarse
como significativa: alrededor de 3 por cada 20
casos.
Otro elemento casuístico que resulta interesante
resaltar, es que 10 pacientes resultaron pertenecer
al mismo grupo familiar primario: 5 pares de hermanos
(17,85%), proporción ésta que no
nos permite efectuar inferencia alguna, pero que
no deja de llamar la atención.
En cuanto al dosaje de metabolitos urinarios,
es evidente que tales mediciones colaboran accesoriamente
para el diagnóstico (sobre todo en los
casos de ADD), pero su aporte principal consiste
en objetivar la existencia de una deficiencia
de sustancias neurotransmisoras en el SNC, mostrando
así el sustrato neurobiológico,
a nivel biomolecular, de este trastorno.
Así, la feniletilamina se encuentra por
debajo del rango normal en 51 pacientes de la
muestra y 47 de ellos con valores de excreción
urinaria "bajos" o "muy bajos",
esto es, en un 83,93% de la población estudiada.
Los resultados ponen de manifiesto, además,
que la adrenalina está francamente disminuida
es este grupo de pacientes, concretamente en 48,
es decir en un 85,71% de ellos.
Por su parte, la noradrenalina se halla por debajo
de los valores normales en 38 pacientes, lo cual
representa un 67,86% de la muestra.
En cuanto a la dopamina, su excreción
urinaria también está reducida,
siendo 48 los que presentan mediciones con valores
"bajos", o sea el 85,71% de los pacientes.
No podemos pasar por alto el hecho de que 5 pacientes
presentaron valores de feniletilamina dentro del
rango de normalidad y que otros 4 tuvieron mediciones
de esta sustancia en orina con valores muy próximos
al mínimo estandarizado. Aquí es
válido rescatar los casos de las historias
clínicas identificadas con los números
6.227 y 6.644: en ambos las "catecolaminas"
se hallan francamente aumentadas, estableciéndose
así un desnivel en el perfil de cada una
de las mediciones, lo cual determinaría
una disminución "relativa" de
la concentración de feniletilamina. Si
bien lo expuesto no pasa de ser especulativo,
la repetida aparición de este "perfil"
biológico -que hemos observado a lo largo
de los años en la práctica asistencial-
y la innegable participación interactiva
y equilibrada de diversos neurotransmisores y
neuromoduladores en el mantenimiento del normal
funcionamiento cerebral, permite efectuar dicha
interpretación sin que resulte una temeridad.
Con respecto a la terapéutica aplicada,
es muy significativo que el 37,50% de los pacientes
fueron tratados exclusivamente con "precursores
de las aminas biógenas cerebrales",
lo cual implica haber evitado la administración
de fármacos psicotropos -con los eventuales
efectos adversos que pueden provocar- en una población
de pacientes compuesta en buena parte por niños.
Corresponde destacar que sólo 5 pacientes
(8,93%) fueron tratados con "estimulantes
centrales" y "neurolépticos",
los cuales en tratamientos más o menos
prolongados pueden llegar a presentar efectos
adversos nada despreciables. De éstos,
2 recibieron Trifluoperazina en bajas dosis por
presentar eliminación urinaria del metabolito
indol N-dimetilado anómalo N,N-dimetiltriptamina.
Luego, los resultados de este estudio muestran
que aquellos pacientes que necesitaron el agregado
de fármacos psicoactivos a la terapéutica,
fueron tratados preferentemente con antidepresivos:
66,07%, de los cuales un 55,36% con "tricíclicos".
Por último, conviene hacer referencia
a los 9 pacientes con antecedentes o manifestación
actual de enuresis y/o encopresis. Si bien 2 de
ellos respondieron favorablemente a la terapéutica
exclusiva con "precursores de las aminas
biógenas", es un hecho destacable
la necesidad de recurrir a los "tricíclicos"
-especialmente la Imipramina- por su probada eficacia
para estas complicaciones.
Como comentario final, proponemos que la terapéutica
del Trastorno por Déficit Atencional con/sin
Hiperquinesia (ADD/ADHD) sea realizada, en carácter
de primera elección, con "precursores
de las aminas biógenas cerebrales",
recurriendo en un segundo momento -con mayor o
menor prontitud en función de la respuesta-
a los antidepresivos tricíclicos (preferentemente
Imipramina y Clorimipramina), dejando la prescripción
de los estimulantes centrales y Carbamazepina
como último recurso. En cuanto a la utilización
de neurolépticos, entendemos que éstos
no deben indicarse en el tratamiento de esta entidad
clínica, salvo raros casos de severo descontrol
conductual y/o presencia de N,N-dimetiltriptamina
(metabolito neurotóxico) en orina.
Bibliografía
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368, vol. 85, 1992.
Notas al pie
1. Este trabajo fue presentado en el VI Congreso
Brasileño de Psiquiatría Clínica
y Congreso de Psiquiatría Clínica
del Mercosur,
Curitiba, Brasil, 28 al 30 de agosto de 1997.
2. Médicos Psiquiatras. Paraguay 631, 1º
"A", (1057) Buenos Aires, Argentina.
Fax 54-1-315-4314.
Martín
de Zamora 4602 Las Condes - Santiago - Chile Fonos 206.06.72 -
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