"Tu
puedes escoger lo enojado, frustrado o triste
que te quieres sentir. Tú puedes, también
elegir cambiar tus sentimientos".
Aprender a autocontrolarse
El problema de la agresividad infantil es uno
de los trastornos que más invalidan a padres
y maestros junto con la desobediencia. A menudo
nos enfrentamos a niños agresivos, manipuladores
o rebeldes pero no sabemos muy bien como debemos
actuar con ellos o cómo podemos incidir
en su conducta para llegar a cambiarla. En este
artículo intentaremos definir los síntomas
para una correcta evaluación de este trastorno
caracterial y establecer diferentes modos de tratamiento.
Un buen pronóstico a tiempo mejora siempre
una conducta anómala que habitualmente
suele predecir otras patologías psicológicas
en la edad adulta. Un comportamiento excesivamente
agresivo en la infancia si no se trata derivará
probablemente en fracaso escolar y en conducta
antisocial en la adolescencia y edad adulto porque
principalmente son niños con dificultades
para socializarse y adaptarse a su propio ambiente.
El comportamiento agresivo complica las relaciones
sociales que va estableciendo a lo largo de su
desarrollo y dificulta por tanto su correcta integración
en cualquier ambiente. El trabajo por tanto a
seguir es la socialización de la conducta
agresiva, es decir, corregir el comportamiento
agresivo para que derive hacia un estilo de comportamiento
asertivo.
Ciertas manifestaciones de agresividad son admisibles
en una etapa de la vida por ejemplo es normal
que un bebé se comporte llorando o pataleando;
sin embargo, estas conductas no se consideran
adecuadas en etapas evolutivas posteriores.
¿Qué entendemos por "agresividad
infantil"?
Hablamos de agresividad cuando provocamos daño
a una persona u objeto. La conducta agresiva es
intencionada y el daño puede ser físico
o psíquico.
En el caso de los niños la agresividad
se presenta generalmente en forma directa ya sea
en forma de acto violento físico (patadas,
empujones,...) como verbal (insultos, palabrotas,...).
Pero también podemos encontrar agresividad
indirecta o desplazada, según la cual el
niño agrede contra los objetos de la persona
que ha sido el origen del conflicto, o agresividad
contenida según la cual el niño
gesticula, grita o produce expresiones faciales
de frustración.
Independientemente del tipo de conducta agresiva
que manifieste un niño el denominador común
es un estímulo que resulta nocivo o aversivo
frente al cual la víctima se quejará,
escapará, evitará o bien se defenderá.
Los arrebatos de agresividad son un rasgo normal
en la infancia pero algunos niños persisten
en su conducta agresiva y en su incapacidad para
dominar su mal genio. Este tipo de niños
hace que sus padres y maestros sufran siendo frecuentemente
niños frustrados que viven el rechazo de
sus compañeros no pudiendo evitar su conducta.
Algunas teorías explican las causas
del comportamiento agresivo
Las teorías del comportamiento agresivo
se engloban en: Activas y Reactivas.
Las activas son aquellas que ponen el origen de
la agresión en los impulsos internos, lo
cual vendría a significar que la agresividad
es innata, que se nace o no con ella. Defensores
de esta teoría: Psicoanalíticos
y Etológicos.
Las reactivas ponen el origen de la agresión
en el medio ambiente que rodea al individuo. Dentro
de éstas podemos hablar de las teorías
del impulso que dicen que la frustración
facilita la agresión, pero no es una condición
necesaria para ella, y la teoría del aprendizaje
social que afirma que las conductas agresivas
pueden aprenderse por imitación u observación
de la conducta de modelos agresivos.
Teoría del aprendizaje social
Para poder actuar sobre la agresividad necesitamos
un modelo o teoría que seguir y éste,
en nuestro caso, será la teoría
del aprendizaje social.
Habitualmente cuando un niño emite una
conducta agresiva es porque reacciona ante un
conflicto. Dicho conflicto puede resultar de:
1.-Problemas de relación social con
otros niños o con los mayores, respecto
de satisfacer los deseos del propio niño.
2.-Problemas con los adultos surgidos por
no querer cumplir las órdenes que éstos
le imponen.
3.-Problemas con adultos cuando éstos
les castigan por haberse comportado inadecuadamente,
o con otro niño cuando éste
le agrede.
Sea cual sea el conflicto, provoca en el niño
cierto sentimiento de frustración u emoción
negativa que le hará reaccionar. La forma
que tiene de reaccionar dependerá de su
experiencia previa particular. El niño
puede aprender a comportarse de forma agresiva
porque lo imita de los padres, otros adultos o
compañeros. Es lo que se llama Modelamiento.
Cuando los padres castigan mediante violencia
física o verbal se convierten para el niño
en modelos de conductas agresivas. Cuando el niño
vive rodeado de modelos agresivos, va adquiriendo
un repertorio conductual caracterizado por una
cierta tendencia a responder agresivamente a las
situaciones conflictivas que puedan surgir con
aquellos que le rodean. El proceso de modelamiento
a que está sometido el niño durante
su etapa de aprendizaje no sólo le informa
de modos de conductas agresivos sino que también
le informa de las consecuencias que dichas conductas
agresivas tienen para los modelos. Si dichas consecuencias
son agradables porque se consigue lo que se quiere
tienen una mayor probabilidad de que se vuelvan
a repetir en un futuro.
Por ejemplo, imaginemos que tenemos dos hijos,
Luis y Miguel, de 6 y 4 años respectivamente.
Luis está jugando con una pelota tranquilamente
hasta que irrumpe Miguel y empiezan a pelear o
discutir por la pelota. Miguel grita y patalea
porque quiere jugar con esa pelota que tiene Luis.
Nosotros nos acercamos y lamentándonos
del pobre Miguel, increpamos a Luis para que le
deje la pelota a Miguel. Con ello hemos conseguido
que Miguel aprenda a gritar y patalear cuando
quiera conseguir algo de su hermano. Es decir,
hemos reforzado positivamente la conducta agresiva
de Miguel, lo cual garantiza que se repita la
conducta en un futuro.
De acuerdo con este modelamiento la mayoría
de los adultos estamos enseñando a los
niños que la mejor forma de resolver una
situación conflictiva es gritándoles,
porque nosotros les gritamos para decir que no
griten. ¡Menuda contradicción! Y
si nos fijamos como esa solemos hacer muchas a
diario.
Factores influyentes en la conducta agresiva
Como ya hemos dicho, uno de los factores que
influyen en la emisión de la conducta agresiva
es el factor sociocultural del individuo. Uno
de los elementos más importantes del ámbito
sociocultural del niño es la familia. Dentro
de la familia, además de los modelos y
refuerzos, son responsables de la conducta agresiva
el tipo de disciplina a que se les someta. Se
ha demostrado que tanto un padre poco exigente
como uno con actitudes hostiles que desaprueba
constantemente al niño, fomentan el comportamiento
agresivo en los niños.
Otro factor familiar influyente en la agresividad
en los hijos es la incongruencia en el comportamiento
de los padres. Incongruencia se da cuando los
padres desaprueban la agresión castigándola
con su propia agresión física o
amenazante hacia el niño. Asimismo se da
incongruencia cuando una misma conducta unas veces
es castigada y otras ignorada, o bien, cuando
el padre regaña al niño pero la
madre no lo hace.
Las relaciones deterioradas entre los propios
padres provoca tensiones que pueden inducir al
niño a comportarse de forma agresiva.
Dentro del factor sociocultural influirían
tanto el tipo de barrio donde se viva como expresiones
que fomenten la agresividad "no seas un cobarde".
En el comportamiento agresivo también
influyen los factores orgánicos que incluyen
factores tipo hormonales, mecanismos cerebrales,
estados de mala nutrición, problemas de
salud específicos.
Finalmente cabe mencionar también el déficit
en habilidades sociales necesarias para afrontar
aquellas situaciones que nos resultan frustrantes.
Parece que la ausencia de estrategias verbales
para afrontar el estrés a menudo conduce
a la agresión (Bandura, 1973).
¿Cómo evaluar si un niño
es o no agresivo? Instrumentos de evaluación.
Ante una conducta agresiva emitida por un niño
lo primero que haremos será identificar
los antecedentes y los consecuentes de dicho comportamiento.
Los antecedentes nos dirán cómo
el niño tolera la frustración, qué
situaciones frustrantes soporta menos. Las consecuencias
nos dirán qué gana el niño
con la conducta agresiva. Por ejemplo:
" Una niña en un parque quiere bajar
por el tobogán pero otros niños
se le cuelan deslizándose ellos antes.
La niña se queja a sus papás los
cuales le dicen que les empuje para que no se
cuelen. La niña lleva a cabo la conducta
que sus padres han explicado y la consecuencia
es que ningún otro niño se le cuela
y puede utilizar el tobogán tantas veces
desee."
Pero sólo evaluando antecedentes y consecuentes
no es suficiente para lograr una evaluación
completa de la conducta agresiva que emite un
niño, debemos también evaluar si
el niño posee las habilidades cognitivas
y conductuales necesarias para responder a las
situaciones conflictivas que puedan presentársele.
También es importante saber cómo
interpreta el niño una situación,
ya que un mismo tipo de situación puede
provocar un comportamiento u otro en función
de la intención que el niño le adjudique.
Evaluamos así si el niño presenta
deficiencias en el procesamiento de la información.
Para evaluar el comportamiento agresivo podemos
utilizar técnicas directas como la observación
natural o el autorregistro y técnicas indirectas
como entrevistas, cuestionarios o autoinformes.
Una vez hemos determinado que el niño se
comporta agresivamente es importante identificar
las situaciones en las que el comportamiento del
niño es agresivo. Para todos los pasos
que comporta una correcta evaluación disponemos
de múltiples instrumentos clínicos
que deberán utilizarse correctamente por
el experto para determinar la posterior terapéutica
a seguir.
¿Cómo podemos tratar la
conducta agresiva del niño?
Cuando tratamos la conducta agresiva de un niño
en psicoterapia es muy importante que haya una
fuerte relación con todos los adultos que
forman el ambiente del niño porque debemos
incidir en ese ambiente para cambiar la conducta.
Evidentemente el objetivo final es siempre reducir
o eliminar la conducta agresiva en todas las situaciones
que se produzca pero para lograrlo es necesario
que el niño aprenda otro tipo de conductas
alternativas a la agresión. Con ello quiero
explicar que el tratamiento tendrá siempre
dos objetivos a alcanzar, por un lado la eliminación
de la conducta agresiva y por otro la potenciación
junto con el aprendizaje de la conducta asertiva
o socialmente hábil. Son varios los procedimientos
con que contamos para ambos objetivos. Cuál
o cuáles elegir para un niño concreto
dependerá del resultado de la evaluación.
Vamos a ver algunas de las cosas que podemos hacer.
En el caso de un niño que hemos evaluado
se mantiene la conducta agresiva por los reforzadores
posteriores se trataría de suprimirlos,
porque si sus conductas no se refuerzan terminará
aprendiendo que sus conductas agresivas ya no
tienen éxito y dejará de hacerlas.
Este método se llama extinción y
puede combinarse con otros como por ejemplo con
el reforzamiento positivo de conductas adaptativas.
Otro método es no hacer caso de la conducta
agresiva pero hemos de ir con cuidado porque sólo
funcionará si la recompensa que el niño
recibía y que mantiene la conducta agresiva
era la atención prestada. Además
si la conducta agresiva acarrea consecuencias
dolorosas para otras personas no actuaremos nunca
con la indiferencia. Tampoco si el niño
puede suponer que con la indiferencia lo único
que hacemos es aprobar sus actos agresivos.
Existen asimismo procedimientos de castigo como
el Tiempo fuera o el coste de respuesta. En el
primero, el niño es apartado de la situación
reforzante y se utiliza bastante en la situación
clase. Los resultados han demostrado siempre una
disminución en dicho comportamiento. Los
tiempos han de ser cortos y siempre dependiendo
de la edad del niño. El máximo sería
de 15 minutos para niños de 12 años.
El coste de respuesta consiste en retirar algún
reforzador positivo contingentemente a la emisión
de la conducta agresiva. Puede consistir en pérdida
de privilegios como no ver la televisión.
El castigo físico no es aconsejable en
ninguno de los casos porque sus efectos son generalmente
negativos: se imita la agresividad y aumenta la
ansiedad del niño.
Algunas consideraciones sobre el castigo
en general
1.- Debe utilizarse de manera racional y
sistemática para hacer mejorar la conducta
del niño. No debe depender de nuestro
estado de ánimo, sino de la conducta
emitida.
2.- Al aplicar el castigo no lo hagamos regañando
o gritando, porque esto indica que nuestra
actitud es vengativa y con frecuencia refuerza
las conductas inaceptables.
3.- No debemos aceptar excusas o promesas
por parte del niño.
4.- Hay que dar al niño una advertencia
o señal antes de que se le aplique
el castigo.
5.- El tipo de castigo y el modo de presentarlo
debe evitar el fomento de respuestas emocionales
fuertes en el niño castigado.
6.- Cuando el castigo consista en una negación
debe hacerse desde el principio de forma firme
y definitiva.
7.- Hay que combinar el castigo con reforzamiento
de conductas alternativas que ayudarán
al niño a distinguir las conductas
aceptables ante una situación determinada.
8.- No hay que esperar a que el niño
emita toda la cadena de conductas agresivas
para aplicar el castigo, debe hacerse al principio.
9.- Cuando el niño es mayor, conviene
utilizar el castigo en el contexto de un contrato
conductual, puesto que ello ayuda a que desarrolle
habilidades de autocontrol.
10.- Es conveniente que la aplicación
del castigo requiera poco tiempo, energía
y molestias por parte del adulto que lo aplique.
¿Qué pueden hacer los padres
y los profesores?
Una vez llegados a este apartado la mayoría
de vosotros ya os habéis dado cuenta que
la conducta agresiva de vuestro hijo es una conducta
aprendida y como tal puede modificarse. También
la lectura anterior os ha servido para comprender
que una conducta que no se posee puede adquirirse
mediante procesos de aprendizaje. Con lo cual
el objetivo en casa o en la escuela también
será doble: desaprender la conducta inadecuada
y adquirir la conducta adaptativa.
Si montamos un programa para cambiar la conducta
agresiva que mantiene nuestro hijo hemos de tener
en cuenta que los cambios no van a darse de un
día a otro, sino que necesitaremos mucha
paciencia y perseverancia si queremos solucionar
el problema desde casa.
Una vez tenemos claro lo anterior, la modificación
de la conducta agresiva pasará por varias
fases que irán desde la definición
clara del problema hasta la evaluación
de los resultados.
Vamos a analizar por separado cada una de las
fases que deberemos seguir:
Definición de la conducta:
Hay que preguntarse en primer lugar qué
es lo que nuestro hijo está haciendo exactamente.
Si nuestra respuesta es confusa y vaga, será
imposible lograr un cambio. Con ello quiero decir
que para que esta fase se resuelva correctamente
es necesario que la respuesta sea específica.
Esas serán entonces nuestras conductas
objetivo (por ejemplo, el niño patalea,
da gritos cuando...).
Frecuencia de la conducta:
Confeccione una tabla en la que anotar a diario
cuantas veces el niño emite la conducta
que hemos denominado globalmente agresiva. Hágalo
durante una semana.
Definición funcional de la conducta:
Aquí se trata de anotar qué provocó
la conducta para lo cual será necesario
registrar los antecedentes y los consecuentes.
Examine también los datos específicos
de los ataques. Por ejemplo, ¿en qué
momentos son más frecuentes?
Procedimientos a utilizar para la modificación
de la conducta:
Nos planteamos en la elección dos objetivos:
debilitar la conducta agresiva y reforzar respuestas
alternativas deseables (si esta última
no existe en el repertorio de conductas del niño,
deberemos asimismo aplicar la enseñanza
de habilidades sociales).
- Ciertas condiciones proporcionan al niño
señales de que su conducta agresiva
puede tener consecuencias gratificantes. Por
ejemplo, si en el colegio a la hora del patio
y no estando presente el profesor, el niño
sabe que pegando a sus compañeros,
éstos le cederán el balón,
habrá que poner a alguien que controle
el juego hasta que ya no sea preciso.
- Debemos reducir el contacto del niño
con los modelos agresivos. Por el contrario,
conviene suministrar al niño modelos
de conducta no agresiva. Muéstrele
a su hijo otras vías para solucionar
los conflictos: el razonamiento, el diálogo,
el establecimiento de unas normas. Si los
niños ven que los adultos tratan de
resolver los problemas de modo no agresivo,
y con ello se obtienen unas consecuencias
agradables, podrán imitar esta forma
de actuar. Para vosotros papás entrenar
el autocontrol con ayuda de la relajación.
- Reduzca los estímulos que provocan
la conducta. Enseñe al niño
a permanecer en calma ante una provocación.
- Recompense a su hijo cuando éste
lleve a cabo un juego cooperativo y asertivo.
- Existe una cosa denominada "Contrato
de contingencias" que tiene como finalidad
comprometer al niño en el proyecto
de modificación de conducta. Es un
escrito entre padres e hijo en el que se indica
qué conductas el niño deberá
emitir ante las próximas situaciones
conflictivas y que percibirá por el
adulto a cambio. Asimismo se indica qué
coste tendrá la emisión de la
conducta agresiva. El contrato deberá
negociarse con el niño y revisarlo
cada X tiempo y debe estar bien a la vista
del niño. Tenemos que registrar a diario
el nivel de comportamiento del niño
(como hacíamos con la enuresis) porque
la mera señal del registro ya actúa
como reforzador. Esto es adecuado para niños
a partir de 9 años.
Ponga en práctica su plan:
Cuando ya ha determinado qué procedimiento
utilizará, puede comenzar a ponerlo en
funcionamiento. Debe continuar registrando la
frecuencia con que su hijo emite la conducta agresiva
para así comprobar si el procedimiento
utilizado está o no resultando efectivo.
No olvide informar de la estrategia escogida a
todos aquellos adultos que formen parte del entorno
del niño.
Mantenga una actitud positiva. Luche por lo que
quiere conseguir, no se desmorone con facilidad.
Por último, fíjese en los progresos
que va haciendo su hijo más que en los
fallos que pueda tener. Al final se sentirán
mejor tanto Vd. Como su hijo.
Evalúe los resultados del programa:
Junto con el tratamiento que usted ha decidido
para eliminar la conducta agresiva de su hijo,
usted ha planificado también reforzar las
conductas alternativas de cooperación que
simbolizan una adaptación al ambiente.
Una vez transcurridas unas tres semanas siguiendo
el procedimiento, deberá proceder a su
evaluación. Si no hemos obtenido ninguna
mejora, por pequeña que sea, algo está
fallando, así es que deberemos volver a
analizar todos los pasos previos. La hoja de registro
nos ayudará para la evaluación de
resultados. Si hemos llegado al objetivo previsto,
es decir, reducción de la conducta agresiva,
no debemos dejar drásticamente el programa
que efectuamos, porque debemos preparar el terreno
para que los resultados conseguidos se mantengan.
Para asegurarse de que el cambio se mantendrá,
elimine progresivamente los reforzadores materiales.
No olvide que los procedimientos que usted como
padre ha aprendido, los puede interiorizar para
provocar en usted mismo un cambio de actitud.
Practique el entrenamiento en asertividad y será
más feliz.
Gloria Marsellach Umbert - Psicólogo
Bibliografía consultada:
Isabel Serrano, "Agresividad Infantil",
Ed. Pirámide
J. Vallejo y otros, "Introducción
a la psicopatología y psiquiatría",
Ed. Salvat
Arroyo M., "Prevención pedagógico
social de la agresividad", Ed. Educadores
Bandura A., "Aggression: A social Learning
Analysis", Ronald Press N.Y.
J.Mª Blanch, "Psicologias Sociales",
Ed. Hora
Martín
de Zamora 4602 Las Condes - Santiago - Chile Fonos 206.06.72 -
228.49.76 Fax 207.18.92 ceril@ceril.net