Modalidades del Tratamiento del Déficit
Atencional
Diversas formas
de tratamiento han sido utilizadas para disminuir
las alteraciones que se presentan en el cuadro
denominado Trastorno por Déficit de Atención
con Hiperactividad (TDAFI).
Las estrategias terapéuticas más
usadas han sido, por una parte, la farmacoterapia
con estimulantes y el enfoque conductual, por
otra. Recientemente ha surgido una tercera alternativa
de intervención denominada Enfoque Cognitivo
Conductual.
A continuación se expondrán estos
métodos de tratamiento, que tienen como
objetivo reducir la sintomatología perturbadora
de este trastorno:
ENFOQUE TERAPÉUTICO FARMACOLOGICO
La farmacoterapia ha sido el más frecuente
y usado tratamiento en niños con TDAH,
siendo la principal indicación para su
uso un alto grado de Hiperkinesia que perturba
tanto al niño, como a su ambiente escolar
y familiar. Estos fármacos son un medio
para producir cambio, en diversas medidas, en
la ejecución cognitiva y conductual (por
ejemplo, mejorías en la capacidad de atender
y controlar impulsos).
En Chile, los medicamentos más usados
son los psicoestimulantes, tales como: Metilfenidato
(Ritalín), Dextroanfetamina (Dexedrina),
Pemolina (Cylert) y Deanol. También se
prescriben tranquilizantes del tipo de la Tioridazina
y Clorpromazina (Valdivieso y Céspedes,
1980).
Entre las ventajas de la terapia farmacológica,
se plantea que, aún cuando el uso de estimulantes
no afecta las habilidades cognitivas más
generales (razonamiento reflexivo y resolución
de problemas), habilidades, como la atención,
se fortalecen, lo que ayuda al niño a planificar
y controlar sus respuestas, mejorando la calidad
de sus tareas escolares (Lahey et. al., 1979).
El uso de medicación, no sólo produce
cambios favorables en el niño, sino también
en el contexto social y familiar, en el cual éste
está inserto. Es así, como se plantea
que los padres evalúan mejor la calidad
del desempeño de sus hijos, lo que favorece
una interacción más cálida
y estimulante, disminuyendo mensajes negativos
y descalificadores. El niño, además,
mejora la relación con sus coetáneos.
A pesar de los beneficios de este tratamiento,
su eficacia y extenso uso, ha sido cuestionado
por diversas razones, tales como:
No todos los niños responden en forma
positiva al medicamento y su uso no resulta efectivo
en preescolares (Cohen et. al., 1981).
Se señala que alrededor del 70% de los
niños con este trastorno responden a los
estimulantes pero, al suspender la medicación
los logros obtenidos en el control de la conducta
suelen desaparecer.
Se plantea además que este tipo de tratamiento
no aumenta la capacidad de aprendizaje y no se
mantienen los cambios por él producidos
en la ejecución del trabajo pedagógico
(O'Leary y Pelham, 1978).
Por otra parte, se ha podido constatar que la
medicación estimulante, generalmente, produce
efectos secundarios, tales como: disminución
del apetito, pérdida de peso, insomnio,
irritabilidad, agresividad, problemas fisiológicos
como cambios en el funcionamiento cardiovascular,
problemas arteriales, náuseas, dolores
abdominales, cefaleas y disminución del
crecimiento (Lahey et. al., 1979; O'Leary y Pelham,
1978; Cohen et. al., 1981; Dulcan, 1985).
Esto hace necesario un control eficiente de la
administración del medicamento y un uso
adecuado a un buen diagnóstico.
Por otra parte los fármacos son considerados
una poderosa fuente de cambio atribucional; es
decir, resultan efectos negativos cuando el niño
y los otros significativos atribuyen los cambios
de la conducta a los efectos del medicamento (evento
externo), más que a los esfuerzos de autocontrol
del niño (evento interno).
La necesidad de buscar un tratamiento alternativo
ha surgido en parte, por el uso indiscriminado
de estimulantes y por sus efectos secundarios.
La efectividad, seguridad, consecuencias sociales
y psicológicas del tratamiento medicamentoso,
a largo plazo, hace que el niño sienta
que el medicamento es un elemento central para
mejorar la capacidad de controlar su propia conducta
(Douglas et. al., 1976; Dulcan, 1985).
ENFOQUE TERAPÉUTICO CONDUCTUAL
El enfoque Conductual, postula que los síntomas
del TDAH son patrones de conducta inadecuados
que pueden mortificarse, como cualquier otro desorden
de conducta, a través de la variación
de estímulos ambientales (antecedente y
consecuentes de una determinada conducta), según
el principio del Condicionamiento Operante.
La modificación conductual es un conjunto
de técnicas y un método de investigación,
que intenta producir cambios en el comportamiento
basados en los principios de aprendizaje.
Postulan que cada acción es producto de
variables ambientales, por lo tanto, la terapia
se focaliza en la conducta y en las contingencias
reforzantes, haciendo menos probable la ocurrencia
de la respuesta no deseada mediante la alteración
de las variables ambientales de que es función.
A continuación se describen diversos
procedimientos de modificación conductual:
Refuerzo positivo: Consiste en dar un estímulo
verbal o material cuando el niño ejecuta
una conducta esperada, no prestando atención
a aquellas respuestas inadecuadas.
Auto-Recompensa: es el darse refuerzo uno mismo,
luego de una ejecución exitosa. Primeramente
el refuerzo es administrado por el adulto, quién
fija con el niño criterios para recibir
refuerzos en forma contingente y en proporción
creciente de metas. Luego se enseña al
niño a autoadministrarse refuerzos de
modo similar a como lo hizo el adulto. Se enseña
al niño a «fijar» sus propias
metas, cumplirlas y premiarse por ello.
Recompensa social: esto se asocia a la idea
de crear un medio ambiente alentador y recompensarse,
ya sea, a través de sonrisas, o comentarios
tales como "estás haciendo un muy
buen trabajo", "se ve que realmente
te estás esforzando".
Costo de respuesta: se da por adelantado un
número de fichas de recompensa y se informa
que éstas pueden perderse cuando se dan
respuestas erróneas o impulsivas y por
un uso inadecuado de las autoinstrucciones.
Finalizada la sesión (o clase), el niño
puede cambiar sus fichas por un premio de un
menú de recompensas. El costo de respuesta
está diseñada para ayudar al niño
a recordar, "detenerse y pensar antes de
actuar".
Autoevaluación: se enseña al
niño a apreciar y valorar su ejecución,
mediante el uso de un cuadro denominado «cómo
lo hice hoy».
Tareas para la casa: El propósito de
consignar actividades para realizar en casa
es que el niño aplique lo asimilado a
otras situaciones.
Modelaje: El niño aprende por medio
de la observación e imitación
de las conductas de otros modelos) y de las
consecuencias de éstas. El modelo realiza
las actividades y resuelve los problemas usando
autoinstrucciones, exhibe el proceso de pensamiento
reflexivo al enfrentarse a una situación
problemática, mostrando en ocasiones
una perfecta ejecución (modelo de maestría)
y en otras comete errores con el fin de demostrar
estrategias para hacer frente a las dificultades,
fracasos y frustraciones que conduce la ejecución
errónea (modelo de superación).
Juego de Roles: Esto consiste en actuar una
situación que requiere ser resuelta y
usar las estrategias cognitivas aprendidas,
generando soluciones alternativas para esa circunstancia
particular.
El terapeuta ayuda al niño a comprender,
que en los contextos sociales problemáticos,
es necesario crear múltiples cursos de
acción, considerando los límites
reales de éstos y los beneficios potenciales,
tanto emocionales como conductuales.
Moldeamiento: Es el reforzamiento sistemático
e inmediato de aproximaciones sucesivas a la
conducta deseada.
Contrato de contingencias: Es un acuerdo entre
dos o más personas, que determinan las
responsabilidades de cada uno en relación
con un determinado objeto o actividad.
Programa de economía de fichas: El alumno
o grupo curso pueden ganar fichas o puntos por
realizar determinadas conductas. Los puntos
se contabilizan y cuando se completa cierta
cantidad, los niños pueden cambiarlos
por un premio o actividad que hayan elegido
de antemano.
Es necesario resaltar que, mientras una variedad
de programas de contingencia externa son efectivos
en reducir acciones inadecuadas en la sala de
clases y producir progresos en el trabajo pedagógico,
los efectos de estas estrategias no se mantienen
luego de finalizado el tratamiento y no se generalizan
a otras conductas o situaciones (Kendall y Wilcox,
1979; Friedling y O'Leary, 1979).
ENFOQUE DE DEMORA DE LA GRATIFICACIÓN
La postura de la demora de la gratificación
conceptualiza autocontrol, como la capacidad para
posponer voluntariamente la gratificación
inmediata, tolerando la frustración que
produce la postergación autoimpuesta de
recompensa y la capacidad de persistir en una
conducta dirigida a una determinada meta, con
el fin de obtener un beneficio mayor (Mischel
y Mischel, 1977; Mischel et. al., 1989).
Los factores que influyen en la habilidad
de demorar la gratificación, son los siguientes:
1.- El rol de la atención durante
la postergación de la gratificación:
El no localizar la atención hacía
la meta (recompensa potencial), es lo que
más facilita la capacidad de autocontrol.
Lo fundamental, en este aspecto, es «cómo»
la persona enfoca su atención hacía
los objetos meta.
A través de las autoinstrucciones el niño
puede transformar cognitivamente los objetos meta,
reenmarcándolos mentalmente o distrayéndose
de lo frustrante de la situación durante
el período de postergación, pudiendo
facilitar la espera por largos períodos
de tiempo (Moore y Mischel, 1976; Mischel y Mischel,
1977).
2.- Distracción Cognitiva: A través
de la autodistracción (con actividades
o cogniciones) el niño es capaz de
despreocuparse de todo lo aversivo de la situación
de espera, de modo de aumentar el tiempo que
puede demorar la gratificación.
3.- Presentación simbólica
de las recompensas: Los estímulos pueden
ser presentados en forma abstracta o estimulante.
Una representación abstracta (informativa
- no consumatoria) se centra en los aspectos simbólicos
de los estímulos y sirve como señal
o recordatorio de la contingencia. Este tipo de
imagen pueden guiar y mantener la conducta de
postergación dirigida hacia una meta, por
lo tanto, facilitando la habilidad para demorar
una secuencia de comportamiento (Mischel et.al.,
1972; Moore y Mischel, 1976; Mischel et.al., 1989).
Otro modo de simbolización es la representación
estimulante (motivacional o consumatoria) localizada
en las cualidades motivadoras del estímalo,
que tienden a consumar la acción asociada
a estos atributos deseados. Si los pensamientos
se centran en esta forma de representación,
la capacidad de postergación disminuye.
Los niños pueden aumentar sus habilidades
para controlar el efecto que les provoca el estímulo,
variando la forma de pensar sobre éstos.
Una vez que los niños reconocen cómo
sus pensamientos hacen el autocontrol más
fácil o difícil, la opción
de esperar por alcanzar una meta se hace propia.
Se hacen más inmunes ala situación
física y se vuelven más capaces
de autoguiarse por su comprensión de las
reglas de autocontrol (Míschel y Míschel,
1977).
ENFOQUE TEMPÉUTICO COGNITIVO-CONDUCTUAL
Está formado por una combinación
racional del enfoque conductual basado en las
teorías del aprendizaje y enfoque cognitivo
que enfatiza el rol de los aspectos mediacionales
en el aprendizaje y la conducta de las personas
(Kendall, Howard y EPPS, 1988). Se postula que
las fuentes principales de los trastornos psicológicos
se encuentran en los conocimientos o pensamientos
de las personas y por lo tanto, el objetivo de
la terapia es tratar de modificar la conducta
y sentimientos de la persona actuando sobre los
modos de pensar.
Los procedimientos de intervención, que
se sustentan en la postura cognitiva conductual,
están basados en ciertos principios que
se describen a continuación:
El organismo responde a las representaciones
mentales del mundo circundante y no al medio
propiamente dicho.
Estas representaciones están relacionadas
con el proceso de aprendizaje, ya que, los
procesos cognitivos-mediacionales, están
involucrados en todo aprendizaje humano.
Pensamientos, sentimientos y conductas están
causalmente interrelacionadas; de este modo,
el programa de tratamiento actúa en
estas tres áreas.
Las actividades cognitivas, como por ejemplo:
expectativas, autoafirmaciones, atribuciones,
etcétera; son importantes en la comprensión,
predicción psicopatológica y
en el cambio psicoterapéutico.
Las cogniciones y conductas son compatibles,
lo que hace posible que los procesos cognitivos
puedan ser interpretados dentro de paradigmas
conductuales y las técnicas cognitivas
pueden combinarse con procedimientos conductuales.
La tarea de la terapia cognitiva es evaluar
las desviaciones o procedimientos cognitivos
deficientes, las conductas y designar nuevas
experiencias de aprendizaje para remediar
estas disfunciones (Kendall y Braswell 1985;
Kendall y Norton Ford, 1988).
Es por esta conceptualización, de las
alteraciones conductuales y emocionales, que la
terapia está dirigida a modificar los modelos
de pensamiento que median la conducta. Todo ésto
se logra estimulando la actividad cognitiva, para
suplir las deficiencias en el procesamiento o
actuando directamente en los productos cognitivos
distorsionados por un proceso de pensamiento disfuncional.
El enfoque de modificación cognitivo-conductual
interviene, en las conductas impulsivas e hiperactivas
del niño, focalizándose directamente
en las habilidades que fomentan la capacidad autorregulatoria.
Promueve el desarrollo de un diálogo interno,
que activa el darse cuenta de los procesos de
pensamiento (Kendall, 1984a). De estos planteamientos
surgen diversas estrategias de intervención,
ampliamente usadas en el tratamiento de niños
impulsivos e hiperactivos:
1.- Entrenamiento de Autoinstrucción:
que considera las autoinstrucciones (autoverbalizaciones),
como herramientas esenciales, capaces de guiar,
controlar, dirigir y coordinar las conductas de
los niños (Meíchenbaum y Goodman,
1971; Meichenbaum, 1977).
La autoinstrucción es considerada como
una afirmación autodirigida que proporciona,
a los niños, estrategias de pensamiento
que los guían en la solución de
problemas y fomentan el autocontrol, operacionalizado
como un procedimiento para adiestrar a los niños
impulsivos e hiperactivos en el empleo de la plática
consigo mismo, para controlarla impulsividad y
aumentar su lenguaje interno. La finalidad de
este método es desarrollar en el niño
la capacidad reflexiva, por medio de la internalización
de mediadores verbales necesarios para autoregular
su acción. Su empleo ayuda a comprender
la tarea que se tiene que realizar; a ordenar,
procesar, organizar y almacenar la información
relevante; reforzar y mantener las conductas más
convenientes en una determinad situación
(Kendall y Norton Ford, 1988).
El procedimiento de intervención orientado
a la internalización de autoinstrucciones,
consiste en una secuencia de pasos que se presentarán
a continuación:
1.- El terapeuta modela la ejecución
de tareas verbalizando en voz alta las autoinstrucciones.
El niño observa cómo el modelo
adulto ejecuta una tarea mientras se había
a sí mismo (modelaje cognitivo).
2.- El niño ejecuta la tarea dándose
instrucciones en voz alta (autoinstrucciones
audibles, autoguía externa o dirección
abierta).
3.- El terapeuta modela la ejecución
de la tarea mientras susurra las autoinstrucciones.
4.- El niño susurra las autoinstrucciones,
a la vez que va practicando la tarea (autoguía
manifiesta o desvanecido).
5.- El terapeuta ejecuta la actividad utilizando
autoinstrucciones internas con pausas y signos
conductuales de estar pensando (por ejemplo:
«restregándose el mentón»).
6.- El niño realiza la tarea mientras
expresa la autoinstrucción en un habla
privada (autoinstrucción cubierta o
secreta).
2.- Entrenamiento de resolución
de problemas: consiste en enseñar, a la
persona, diversos procesos cognitivos que le permitan
crear una variedad de respuestas alternativas
y efectivas para enfrentar una situación
problemática; con el objetivo de aumentar
la probabilidad de maximizar las consecuencias
positivas y minimizar las negativas al ejecutar
la respuesta elegida (D' Zurilla y Goldfried,
197 l).
Esta facultad requiere de las siguientes aptitudes:
- Habilidades para elegir entre las distintas
metas.
- Destreza para implementar una variedad de
caminos alternativos o conductas para alcanzar
una meta dada.
- Aptitud para usar la variedad de sistemas
sociales y recursos dentro de la sociedad.
- Investigación objetiva y efectiva
de la realidad, lo que involucro capacidad
perceptual y la comprensión del mundo
que lo rodea.
En la estrategia de solución de problemas,
la persona identifica o descubre medios de enfrentamiento
efectivo con situaciones problemáticas
de la vida diaria y genera un rango de conductas
efectivas que facilitan y mantienen la competencia
social (D'Zurilla y Nezu, 1982).
Existen ciertas habilidades específicas
en el proceso de solución de problemas:
1.- Orientación al problema:
es la actitud o disposición general con
que el sujeto enfoca una situación problemática.
En este primer paso, es importante que la persona
focalice su atención en el estado emocional
evocado por la situación y utilice estas
reacciones como índice para identificar
la existencia de una situación problema.
Es fundamental que la persona presente una disposición
inhibitoria que reduzca su tendencia a reaccionar
automáticamente e inapropiadamente a las
diversas situaciones, para así poder detenerse
y pensar buscando las mejores opciones de respuesta.
2.- Definición y formulación
del problema: luego que la persona ha reconocido
la existencia de una situación problemática
e inhibido su tendencia a responder automáticamente,
puede describir y formular el problema.
En esta etapa la persona debe:
- Recolectar la mayor cantidad de información
objetiva sobre el problema y definir todos
los aspectos de la situación en términos
operacionales o concretos.
- Clasificar y formular los componentes de
la situación, de modo de poder separarla
información relevante de la irrelevante
y los hechos objetivos de las inferencias
o interpretaciones.
Basado en estos datos, la persona puede identificar
sus objetivos y especificar subproblemas.
3.- Generación de alternativas:
la tarea en esta etapa es generar posibles soluciones
apropiadas a la situación para maximizar
la probabilidad de producir la mejor opción.
4.- Toma de decisiones: en esta
etapa el sujeto debe estimar (evaluar, comparar
y enjuiciar) cuál de las alternativas generadas
es más útil para solucionar el problema.
5.- Implementar una solución:
consiste en poner a prueba una o más estrategias
de acción. El curso de ejecución
seleccionado e dividido en unidades de tarea,
incrementándose así la probabilidad
de que su implementación alcance éxito.
6.- Verificación: este
paso tiene lugar luego que la opción seleccionada
ha sido llevada a cabo. En esta etapa la persona
debe darse cuenta de los resultados reales de
la opción elegida, evaluando el grado en
que el problema ha sido resuelto.
Finalmente es necesario resaltar que estas modalidades
de tratamiento presentadas, no son excluyentes
y pueden ser combinadas para obtener mayores beneficios
tanto para el niño como para quienes lo
rodean.
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Martín
de Zamora 4602 Las Condes - Santiago - Chile Fonos 206.06.72 -
228.49.76 Fax 207.18.92 ceril@ceril.net