Por
María Valeria Isaac G. Terapeuta Ocupacional
Clínica Ceril / Universidad de Chile
post -título en "Integración
Sensorial" en University of Southern
California USA / 2001
"El
desarrollo normal de un niño en su totalidad
(físico, mental, emocional y social) depende
de su capacidad para moverse." (Karel Bobath)
El movimiento del cuerpo le permite al ser humano
realizar actividades y satisfacer sus necesidades.
Las primeras experiencias de sensación
de movimiento se tienen dentro del útero
materno, es aquí donde el feto comienza
a ejercer presión en contra de las paredes
uterinas al movilizar sus extremidades, proporcionándose
retroalimentación sensorial táctil
y propioceptiva (es decir, comienza a tomar conciencia
de su propio cuerpo).
Luego, después de nacer el niño
continuará explorando su cuerpo (llevando
sus manos a la boca, tocándose sus pies)
y de esta forma ira dando cuenta de que posee
un cuerpo y que puede utilizarlo para realizar
actividades (ya sean tomar objetos, intentar gatear).
Este desarrollo, llamado "psicomotor",
es decir el desarrollo de la capacidad de utilizar
los sistemas sensoriales y músculo-esqueléticos
para moverse, será la base del desarrollo
de todas las demás áreas en el crecimiento
de un niño. Será la base para el
desarrollo cognitivo, del lenguaje y posteriormente
del desarrollo social y emocional.
ETAPAS DEL DESARROLLO PSICOMOTOR EN LOS
PRIMEROS AÑOS DE VIDA
1) Nacimiento y primer mes
El "tono muscular" (es decir, el estado
de contracción que posee el músculo
en ese momento) del recién nacido es de
flexión. El niño recién nacido
permanece con sus brazos y piernas flectadas durante
todo el día, incluso, si procedemos a estirar
alguno de sus miembros, al soltar éstos
volverán automáticamente a su estado
de flexión. Con esto podemos ver que sus
músculos "extensores", aquellos
que le permitirán más adelante estirar
sus extremidades, no se han fortalecido completamente
aún. Lo mismo ocurre con la musculatura
del cuello, ésta no se encuentra lo suficientemente
fuerte como para lograr levantar y sostener el
peso de la cabeza. Sólo logra girar la
cabeza de lado a lado estando acostado.
Es aquí donde podemos evidenciar alguna
alteración en el tono de un recién
nacido. Si el niño da la impresión
de sostener la cabeza al levantarlo y presenta
las piernas extendidas y rígidas, nos podríamos
encontrar frente a un cuadro de "hipertensión
muscular". Si por el contrario, el niño
presenta sus brazos y piernas flácidas
y blandas permanentemente, se podría sospechar
de un cuadro de "hipotonía muscular".
El recién nacido presenta una serie de
reacciones llamadas "reflejos primitivos",
que son desencadenados por estímulos del
ambiente. Estos reflejos permiten evaluar el desarrollo,
y también llevan al niño a obtener
ciertas conductas, ya sean de defensa o que originan
patrones de movimientos que darán información
sensorial.
En este período, también comienzan
a desarrollarse y agudizarse los otros sentidos,
tacto, oído, visión, gusto, olfato,
y a hacerse cada vez más concientes.
2) 2 - 3 meses
Al comenzar el segundo mes de vida continúa
el tono flexor en el niño, pero ya no tan
marcado como en el mes anterior. Al colocarlo
en posición boca abajo, el niño
logra levantar su cabeza para girarla. El niño
patalea y mueve los brazos con más fuerza
y frecuencia. Este pataleo promueve el desarrollo
de la articulación de la cadera, previniendo
posteriores dislocaciones.
El niño ya comienza a explorar sus propias
sensaciones y movimientos. Le gusta que lo tomen,
que le hagan cariño, que le hablen. Incluso
aparece lo que se denomina "sonrisa social",
cuando el niño sonríe como respuesta
a la sonrisa de un adulto. Estimular sensorialmente
al niño es fundamental en esta etapa, ya
que ayudará a que éste conozca su
cuerpo y se vaya formando una identidad corporal
propia.
3) 4 - 6 meses
Llegado a los 4 meses de edad, el niño
al ser colocado boca abajo, levanta la cabeza
en un ángulo de 45 grados con apoyo de
los codos. Al sentar al niño desde la posición
acostado, a los 4 meses será capaz de mantener
su cabeza alineada hasta sentarse; y a los 5 meses
ya será capaz de realizar un esfuerzo activo
de flexión para sentarse. Esta fijación
de la cabeza le permitirá el mantenimiento
de la mirada, y la exploración visual de
su medio ambiente. Esta información dispondrá
al niño a iniciar el impulso de querer
tomar algún objeto y del traslado, y lograr
colocarse posteriormente en "cuatro patas"
para gatear y alcanzar su objetivo.
También a los 4 meses se comienza a desarrollar
la "prehensión" (capacidad de
tomar objetos con las manos y dedos). Al intentar
tomar algún elemento, el niño llevará
su mano a la línea media y en forma torpe
arrastrará el objeto con el lado externo
de la mano para cogerlo (prehensión en
rastrillo). Luego, al siguiente mes, ya será
capaz de tomar el objeto con la palma de su mano
flexionando los dedos todos juntos.
Es aquí donde comienza la "etapa
del suelo" donde el niño ejercitará
su psicomotricidad en busca de sus objetivos.
Intentará desplazarse y tomar objetos.
Esto es fundamental en su desarrollo como experiencia
motora, sensorial y de descubrimientos cognitivos.
4) 7 - 8 meses
A partir de esta edad el tono muscular de la
espalda y cuello se hace mayor, por lo tanto le
permitirá al niño llegar a la posición
sentada y mantenerse así sin apoyo. Una
vez sentados por si solos, pueden avanzar en el
desarrollo de la motricidad fina y manipulación
de los objetos. Además aparece la capacidad
de transferir objetos de una mano a la otra.
A los 8 meses el niño gatea sin problema.
Gatear es fundamental en el desarrollo de la coordinación
de ambos lados del cuerpo, y la flexibilidad del
tronco y rotaciones.
5) 9 - 12 meses
En esta etapa el niño se prepara para
adquirir la bipedestación y posteriormente
la marcha. No se debe obligar a un niño
a caminar antes de tiempo, ya que muchas de sus
estructurar aún no han madurado lo suficiente
como para soportar el peso del cuerpo sin dañarse.
La deambulación forzada puede provocar
que el niño pise mal y sus rodillas roten
hacia adentro. A los 9 - 10 meses el niño
ya puede mantenerse de pie, con apoyo en un comienzo
y luego por si solo.
Respecto a la motricidad fina, el niño
comienza a adquirir la capacidad de oponer el
pulgar a los dedos índice y medio y así
lograr tomar objetos cada vez más pequeños.
E incluso al final del año ya puede soltar
voluntariamente los objetos relajando la musculatura
de la mano.
6) 1 - 2 años
Los primeros pasos empiezan a aparecer cerca
del año de edad, se dan con una amplia
base de sustentación (piernas abiertas
para dar mayor estabilidad) y los brazos abiertos
y el cuerpo proyectado hacia delante, con pasos
que se dan son cortos y muy rápidos.
Cerca de los 2 años, el niño ya
adquiere una mentalidad motriz, es decir, planifica
mejor sus acciones, es capaz de subir y bajar
escaleras, patear una pelota, girar al caminar.
En la motricidad fina mejora la manipulación
de los objetos, logrando hacer torres de 3 cubos,
tomar la cuchara para comer, arrojar una pelota,
y tomar el lápiz para hacer rayas sin intención.
7) 3 años en adelante
El niño ya se siente seguro al estar sobre
sus pies, y tiene mayor control de la marcha.
Puede correr y graduar la velocidad de la carrera,
frenar, saltar a pies juntos caminar en puntillas
y alternar pies al subir y bajar escalas. A los
5 años, su marcha y equilibrio están
bien desarrollados.
A los 3 años ya hay un fino desarrollo
de coordinación visomotora (coordinar la
visión con los movimientos manuales), logra
hacer torres de 10 cubos, tomar el lápiz,
y arrojar la pelota con una dirección predeterminada.
De a poco comienza a adquirir cada vez más
precisión en sus movimientos, hace círculos
y monigotes. A los 5 años existe una preferencia
lateral marcada, llegando a establecerse una lateralidad
definitiva a los 7 años. La precisión
y rapidez manual que adquiere llegado a los 7
años (exactitud en los movimientos y coordinación)
, le permitirá aprender a escribir.
Los progresos psicomotores y la coordinación
dinámica van a permitir que los niños
sean capaces de controlar mejor sus movimientos
e impulsos emocionales, y que tengan, por lo tanto,
una buena adaptación al medio social familiar
y escolar.
De lo contrario nos encontraremos con problemas
de retraso en el aprendizaje, cuadros de hiperactividad
e impulsividad, ansiedad, y trastornos de la atención
que necesitarán apoyo externo para poder
controlar, y así evitar posteriores dificultades
de adaptación e integración escolar.
Martín
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