Psicología de Niños y Adolescentes:
¿Debo llevar a mi hijo al psicólogo?
El periodo de la
niñez se ha considerado como una época
mágica, protegida de las dificultades y
responsabilidades que enfrentamos los adultos.
Pero lo cierto es que muchos niños y adolescentes
sufren. El sufrimiento psicológico o emocional
puede ser por causas diversas y a veces pasa desapercibido
por los adultos. Algunos niños sufren por
eventos que han ocurrido o están ocurriendo
actualmente en sus vidas: el rechazo de sus amigos,
la dificultad en alcanzar las expectativas que
se le imponen en el colegio o en la casa, el nacimiento
de un hermano, la separación de sus padres
o sus conflictos, la muerte de un familiar, etc.
Muchos niños encuentran formas de enfrentar
con éxito sus dificultades, mientras que
otros, ya sea porque no encuentran el apoyo que
necesitan o porque su forma de ser se vuelve frágil,
no lo logran así.
El presente artículo tiene por objetivo
ser una guía general, señalando
los trastornos que se dan en niños y adolescentes
y que pueda ser de utilidad a padres u otras personas
involucradas en la crianza y educación,
de manera de ser capaces de percatarse de señales
que sean preocupantes y que impliquen que el niño
deba ser evaluado por un psicólogo infanto-juvenil.
¿Cuáles son las señales
que se deben tener en cuenta?
¿Cómo percatarse si una dificultad
o característica que llama la atención
es lo suficientemente preocupante como para
consultar?
¿Cómo saber si lo que pasa
es normal para su edad o las circunstancias
que está viviendo?
Para saber qué debiese llamar la atención
en un niño, es necesario tener como referente
algunas nociones del desarrollo normal. Pero ¿qué
se entiende por desarrollo? El desarrollo es un
conjunto de transformaciones que se dan a través
del tiempo desde que nace un individuo y que siguen
una secuencia genética invariante. Esto
significa que existen ciertas funciones que se
espera que emerjan a cierta edad para los seres
humanos. El desarrollo se observa a partir de
las conductas, que reflejan estructuras funcionales
a la base. Dichas conductas pueden ser agrupadas
en diferentes áreas de funcionamiento:
La cognitiva- intelectual, la de psicomotricidad
y la afectivo- social. Por ejemplo, esperamos
que un niño hable sus primeras palabras
alrededor del año. Pero la aparición
de dichos "hitos del desarrollo" en
las edades esperadas no sólo depende de
la disposición genética, sino también
de la interacción con el medio ambiente,
que actúa estimulando las disposiciones
hereditarias, favoreciendo la aparición
del aprendizaje y la adaptación. Así
por ejemplo, un niño criado entre lobos,
no hablará ningún idioma, aunque
estructuralmente esté capacitando para
hacerlo, y no lo hará porque le ha faltado
la estimulación necesaria desde el ambiente.
El retraso en la aparición de alguno de
estos hitos puede significar una serie de cosas,
no todas de las cuales ameritan un tratamiento
psicológico, por otra parte, puede que
un leve retraso sólo signifique que su
hijo tiene un ritmo o "timing" de desarrollo
más lento. Sin embargo, cabe acentuar que
muchos padres se quedan con esa noción,
y dejan pasar importantes semanas , meses y hasta
años, que ante un adecuado tratamiento
harían mucha diferencia en la evolución
del problema del niño.
Tener algunas nociones respecto del desarrollo
no sólo se aplica a estos hitos más
"visibles" de la infancia como son la
aparición del lenguaje o de la marcha,
también implica saber, por ejemplo, que
cuando los hijos empiezan a entrar en la adolescencia,
pueden ver una serie de cambios no sólo
físicos sino en su carácter, como
mayor retraimiento en la casa, y algún
grado de rebeldía u oposición, que
son esperables y normales en el desarrollo.
Trastornos que se presentan en niños
y adolescentes
Volvamos a nuestra clasificación inicial
respecto de las áreas del desarrollo: planteamos
la cognitiva- intelectual, la de psicomotricidad
y la afectivo- social. Para efectos de lograr
una mayor facilidad en la comprensión de
los trastornos psicológicos se han agrupado
y se señalarán muy brevemente, relacionado
a cada una de éstas áreas. En ésta
clasificación se debe agregar una más,
que es la de los "Trastornos generalizados
del desarrollo", pues éstos comprometen
todas las áreas y se hacen evidentes desde
los primeros años de vida del niño.
Los trastornos que tienden a generar más
consultas psicológicas son aquellos correspondientes
al área afectivo-social; estos corresponden
a por ejemplo, a trastornos ansiosos, depresivos,
obsesivos que pueden o no corresponder a la reacción
a un evento en particular de la vida del niño
o adolescente. También en esta esfera se
contemplan los trastornos del desarrollo de la
personalidad, los que se manifiestan más
notoriamente en el área afectivo- social,
específicamente en la manera que tiene
el niño o joven de relacionarse con los
demás, consigo mismo y el mundo.
Se señalan los trastornos en el siguiente
cuadro:
Estos trastornos se pueden presentar de diferentes
maneras, por lo que no son fáciles de identificar.
La manifestación de los trastornos puede
variar por algunos factores, por ejemplo,
la personalidad que se está desarrollando
a la base. Es diferente un trastorno ansioso en
un niño que está desarrollando un
marcado rasgo obsesivo que un trastorno ansioso
en uno que no presenta la acentuación de
dicho rasgo. También varía la manifestación
de los trastornos dependiendo de la edad del niño
o adolescente. Mientras más pequeño
o menor, los síntomas suelen estar más
ligados a lo corporal. Así por ejemplo,
mientras en un adulto que presenta un cuadro depresivo,
lo más característico es el ánimo
decaído y la gran dificultad para obtener
placer o disfrute de cualquier actividad; en niños
y adolescentes el ánimo se puede presentar,
en lugar de melancólico, irritable y no
son capaces de verbalizar si es que obtienen o
no disfrute de las cosas, sino que se expresa
a través de trastornos somáticos,
por ejemplo, quejas vagas, dolores de estómago,
asma, enuresis, dificultades de alimentación
o de sueño. Mientras es más grande,
puede aparecer disminución de la sociabilidad
o aislamiento social, un aumento o una disminución
notable de la actividad, dificultades en la concentración,
sentimientos de culpa o auto desprecio, conductas
agresivas, mentiras, robos o bien conductas riesgosas
para el joven. Ya entre los 13 y 18 años,
aunque pueden seguir apareciendo síntomas
ligados a lo corporal, puede aparecer también
la pérdida del placer en las actividades,
los pensamientos acerca de la muerte y suicidio,
la conducta antisocial, ligado a muchos de los
síntomas ya mencionados como los trastornos
del sueño o del apetito.
Es importante tener en cuenta lo señalado
pues muchas veces los padres atribuyen a la "rebeldía",
la "flojera", la "regalonería",
etc. aspectos que en concreto corresponden a un
cuadro importante, que hace sufrir a su hijo/a.
Los cuadros clínicos como el depresivo
antes descrito son, a veces, más fáciles
de identificar, porque aparecen en un determinado
momento y los papás o profesores identifican
que "este niño ya no es el mismo de
antes". Pero otro tipo de cuadros son más
escurridizos para los ojos de padres y profesores,
puesto que más que un quiebre representan
un desarrollo. Es decir, no es algo que de repente
aparece sino que es un conjunto de características
que siempre han estado ahí y que se han
ido intensificando o manifestándose de
distintas maneras a lo largo del desarrollo; lo
anterior es válido para los trastornos
generalizados del desarrollo y para los trastornos
del desarrollo de la personalidad, entre otros.
Para captar algunos elementos centrales que tienen
que tener en cuenta los padres para detectar anomalías
en sus hijos es de primera importancia tener en
cuenta lo siguiente: conozca a sus hijos, tenga
nociones lo más claras posibles de cómo
son y cuáles son sus actividades habituales,
de manera que cualquier cambio no atribuible a
los cambios propios del desarrollo le pueda llamar
la atención.
Los trastornos psicológicos se pesquisan
a través de sus síntomas y éstos
pueden ser de variada índole por lo que
, si tiene alguna duda, vale la pena hacer una
pequeña revisión mental de algunos
aspectos que se señalan a continuación,
pero antes tenga en cuenta que cualquier problema
que le preocupe puede ser objeto de atención
médica, y debe descartarse cualquier anomalía
de este tipo antes de acudir a una explicación
psicológica.
Áreas a revisar:
- Los patrones de alimentación.
¿Hay algún cambio? Disminución
o aumento del apetito? ¿Fijación
en ciertos tipos de alimentos o ingestión
de sustancias extrañas? ¿Dietas
extremas o atracones?
- Los patrones de sueño.
¿Cómo duerme su hijo? ¿De
pronto se despierta en las noches? ¿Ha
comenzado a presentar pesadillas con mucha frecuencia?
¿Se orina en las noches? ¿Presenta
rituales de conducta rígidos antes de
dormirse? ¿Duerme mucho? ¿Muy
poco?
- La atención y concentración.
Se alteran en casi todos los trastornos psicológicos.
¿Está presentando problemas de
este tipo su hijo? ¿Son recientes o habituales?
¿Van acompañados de angustia?
¿Se encuentran asociados a una baja en
su estado de ánimo? ¿Se acompaña
de hiperactividad o irritabilidad?
- Rendimiento escolar. ¿Ha
aumentado o disminuido? ¿Tiene dificultades
persistentes en determinadas áreas?
- El Juego. ¿Juega
su hijo? ¿Ha dejado de jugar? ¿Nunca
ha jugado? ¿A qué juega? ¿Con
qué o con quienes?
- Relaciones Sociales. ¿Busca
tener relaciones sociales? ¿ Es aceptado
o rechazado por sus pares? ¿ Es capaz
de establecer relaciones duraderas? ¿Lo
invitan a cumpleaños? ¿Cómo
se comporta en ellos? ¿Cómo se
comporta ante los adultos?
- El nivel de actividad ¿ha
aumentado o disminuido su nivel de actividad?
O, por el contrario ¿le ha llamado siempre
la atención por su bajo o alto nivel
de actividad?
- El estado de ánimo.
¿ Ha visto a su hijo irritable, enojón?
¿ Triste o de ánimo cambiante?
¿Ansioso, inquieto? ¿Llora o hace
pataletas intensas y frecuentes? ¿Se
involucra frecuentemente en peleas o riñas?
- Las Conductas. ¿
Ha visto en su hijo conductas que le llaman
la atención? ¿Intereses bizarros
o muy restringidos? ¿Conductas que repetidamente
sobrepasan los límites como el consumo
de alcohol u otras sustancias? ¿Conductas
que persistentemente desafían las normas
del colegio o la casa? ¿Miedos, verbalizaciones,
dibujos que le inquieten?
Es de gran relevancia observar lo que ocurre
en la vida de sus hijos, algunos niños
o adolescentes son más vulnerables y presentan
mayores dificultades para lidiar con estresores
como las dificultades escolares, sociales o familiares.
Debe ser capaz de mirarse como familia y determinar
de qué manera se puede servir de apoyo
y guía para sus hijos; nunca está
de más hacerse algunas preguntas respecto
de su funcionamiento como padres y como familia
que pueda ayudarle a ponerse en el lugar de su
hijo/a: ¿Qué expectativas tengo
de mi hijo? ¿Estas expectativas, van acorde
a sus intereses y capacidades? ¿Me intereso
por lo que le gusta a mi hijo/a, sus juegos, sus
hobbies, la música que escucha, sus amigos
y amigas? ¿Juego con mi hijo/a? Si tengo
conflictos matrimoniales o soy separado/a o soltero
¿Sé cómo se siente mi hijo/a
al respecto?
Martín
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