Alto nivel de la actividad inadecuada, va más
allá de exceso de energía normal.
El paciente tiene a menudo un comportamiento que
controla con dificultad o no controla. A menudo,
una pieza del cuerpo está continuamente
en el movimiento (por ejemplo, tecleando los dedos
en la mesa, pie que golpea ligeramente).
Afecta a personas (en mucha mayoría a
varones), en la mayoría de los casos desde
el nacimiento, por causas que pueden ser genéticas,
problemas durante el embarazo y el parto, enfermedades
sufridas en la primera infancia, accidentes, etc.
diagnosticándose con cierta facilidad a
partir de los 3 años, y con bastante seguridad
a la edad en que comienza la escolarización
obligatoria (5-6años). Estamos hablando
de un conjunto de síntomas muy variados,
todos ellos relacionados con el comportamiento,
que pueden incluirse en alguno de los grupos siguientes:
Falta de atención continuada.
Excesiva actividad motriz.
Impulsividad.
Los síntomas (hasta un total de 15 a 20
según criterios de diagnóstico),
deben haberse iniciado antes de los 7 años,
contar con una duración de al menos 6 meses,
y no deberse a otras causas como un trastorno
afectivo grave transitorio, un retraso mental
grave y/o profundo, o una esquizofrenia. La detección
precoz del síndrome facilita la integración
social del niño y un buen aprendizaje escolar.
PROBLEMAS COTIDIANOS DE LOS AFECTADOS
Los afectados de los que poseemos más información
son niños y adolescentes (varones en su
mayoría); a partir de los veinte años
es difícil obtener datos fiables. Aunque
algunos miembros de la Asociación son mayores
de edad y tenemos constancia de adultos que han
padecido el síndrome, en general todos
ellos no han sido diagnosticados o lo han sido
muy tarde, y arrastran desde la infancia problemas
familiares, escolares y de integración
social.
El "día a día" de estos
niños se desarrolla en dos ambientes principalmente,
escuela y familia:
En la escuela: los niños Hiperactivos
se integran mal desde su primera infancia, los
maestros "no les entienden", tiene un
excesivo número de alumnos en sus aulas
y deben dedicarse a todos ellos. El profesor pretende
que el niño Hiperactivo sea como los demás:
que obedezca ordenes, esté sentado, atienda
sus explicaciones... y esto es imposible.
Comienzan las quejas a los padres, que ya no
tendrán fin a lo largo de los años
escolares.
En casa: Los niños Hiperactivos no paran
un momento quietos, no hacen las tareas escolares,
se pelean con sus hermanos, desobedecen (nunca
escuchan), lo pierden todo, se meten continuamente
en líos, etc., etc., algunas familias llegan
a desestructurarse porque alguno de los cónyuges
no lo soporta.
TRATAMIENTO
Siempre es conductual y farmacológico.
El tratamiento conductual debe llevarse a cabo
en tres ambientes muy relacionados entre sí:
en el colegio
en casa como extensión de las actividades
en la familia
Consideramos de vital importancia que el niño/adolescente
curse estudios en un centro donde su problema
sea conocido y disponga de profesores que conozcan
métodos de cambio de conducta, sepan prestarle
la atención que requiere sin descuidar
a los demás y adaptar las reglas y normas
de conducta a las posibilidades del niño
Hiperactivo.
La relación padres-profesores debe se
continuada y fluida, controlando los deberes,
con orden en la realización de las tareas,
libros y material escolar.
En casa, observando unas normas de disciplina,
quizá pocas pero muy claramente explícitas,
en un ambiente familiar tranquilo y coherente.
Tratamiento farmacológico.: Muchos niños
y adolescentes toman algún tipo de medicación,
siempre que sea recetada por un médico
especialista. Los medicamentos más extendidos
son: Dexodrine, Rubifén y Cylert, (nombres
comerciales) tienen como principios activos las
anfetaminas, metilfenidato y pemolina, respectivamente.
Las dosis varían en función del
grado en que se presenta el síndrome, el
peso corporal y la tolerancia, que en algunos
casos es nula, por lo que hay que descartar la
medicación. Suele tener un efecto a corto
plazo (3-6 horas); debido a ello las tomas se
realizan al principio de la jornada (a veces también
al mediodía) y únicamente los días
de clase, por tener sus efectos una clara incidencia
sobre la atención y concentración.
Martín
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