¿Por qué mienten, manipulan o evitan enfrentarse a situaciones embarazosas, los niños y adolescentes con TDAH?

Resulta una conducta habitual en los niños y adolescentes con Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) recurrir a la mentira, el ocultamiento de la información, la omisión, o las estratagemas manipulativas como el chantaje emocional cuando se les presentan situaciones difíciles, fracaso, resultados negativos o una situación no deseada. 
Estas actitudes pueden aparecer desde edades muy tempranas, cuando la resistencia a la frustración es más alta.

Pero, lejos de ser una conducta aislada, estas reacciones pueden convertirse en un hábito de funcionamiento constante y continuo a lo largo del crecimiento, predominando un patrón socio-emocional regido por intolerancia a la frustración, rebeldía, manejo de la mentira como medio para eludir las responsabilidades de sus actos o la distorsión de su realidad más próxima. 
Dado que en la mayoría de estos casos, no adquieren una consciencia plena de ello, resulta particularmente difícil que corrijan esta problemática sino se interviene de forma eficaz. 

¿Por qué les resulta tan difícil a los afectados por TDAH enfrentarse a la dura realidad?

1) Por ignorancia y falta de autoconocimiento

La pobre habilidad para analizar las situaciones en el momento, así como las consecuencias de sus acciones (impulsividad), da como resultado el uso de atajos como ruta más rápida para conseguir lo que desean. Si no se han tenido en cuenta todos los factores (personales, materiales, morales, etc.), puede darse la situación de que este atajo no sea la forma más óptima para alcanzar la meta.

Es habitual que los afectados con TDAH, descubran el impacto de sus acciones una vez éstas se han llevado a cabo y están sufriendo las consecuencias. Se trata de un fenómeno de "ceguera al futuro" causado por la disfunción ejecutiva inherente al TDAH que afecta a la funciones de panificación, anticipación, reflexividad y capacidad de análisis del entorno y de sí mismos (autoanálisis).

2) Por inmadurez

Debido a que el TDAH implica aspectos de inmadurez, social, psicológica y sobre todo emocional en los niños y adolescentes que lo padecen, muchos de los comportamientos que presentan en la escuela, en la familia y en el área social tienen que ver con comportamientos infantilizados. Éstos suelen caracterizarse por evitar asumir responsabilidades, inseguridad, necesidad de apoyo continuo, tendencia al egocentrismo, dependencia emocional y falta de sensación de control y auto-competencia.

Cuando se produce una situación difícil, como un enfrentamiento o conflicto con un compañero, profesor, o un mal resultado académico, éstos tienden siempre a culpabilizar y responsabilizar a los demás del resultado (`era muy difícil`, `yo no hice nada`, `no pasa nada`, `no es tan grave`, `es el profesor que me tiene manía`, `no me hiciste caso`, `no lo sabía`, `eso no es así`, etc.), proyectando en los demás y en factores externos su falta de habilidades, su falta de planificación, sus carencias resolutivas y su falta de esfuerzo.

Asumir las responsabilidades de un hecho y aceptar y cumplir con las consecuencias, requiere de un autocontrol, una reflexividad y una gestión emocional que estos niños y adolescentes presentan disfuncional.

3) Por falta de habilidades resolutivas

Las funciones ejecutivas (FFEE) son aquellas funciones que nos permiten dar una solución a un problema de una forma más o menos efectiva. Memoria de trabajo, lenguaje interno (voz privada de la mente que nos ayuda a autocontrolarnos), planificación, anticipación de consecuencias, análisis de alternativas, redirección del foco de interés y atención en función del objetivo, etc. Estas FFEE actúan como un "técnico con una caja de herramientas", sabiendo exactamente qué instrumento coger y cómo utilizarlo para solucionar la avería. En este caso, la falta de formación del técnico en el manejo de problemas, la dificultad para identificar el problema, y la pobreza de estrategias y herramientas hace que sean, a veces, incapaces de tomar una solución óptima ante la dificultad que tienen delante y por tanto resultar una solución poco eficaz, negativa o infantilizada-evitativa.

4) Por miedo

Cuando la consecuencia a un error, es una consecuencia negativa desproporcionada o la exigencia es excesivamente alta, la persona se ve presionada a intentar alcanzar esa meta cueste o lo que cueste, llevando al niño o al adolescente a buscar la salida más fácil y efectiva para no defraudar en su meta. Este miedo al error, puede generar tales estados de tensión psicológica, que el problema no se base en una falta de conocimientos, actitud o esfuerzo, sino en una situación de bloqueo por estrés ante la situación a `examen`.

Esta situación se produce a menudo, cuando la circunstancia es un examen académico donde el alumno conoce la importancia de la nota y las consecuencias de ésta: `el alumno se quedó en blanco`, ¿`respondió lo que sabía?´, `¿un nuevo suspenso?`. Si ante estas situaciones la respuesta es de culpabilización, de falta de comprensión y de falta reflexión por parte de los padres del problema, el alumno se verá obligado a protegerse de situaciones hirientes para su estado anímico y autoestima, utilizando estrategias como el ocultamiento, la mentira, la evitación o la apatía.


5) Por rutina y falta de consecuencias

Las conductas negativas que no se corrigen o no se modifican se convierten en hábitos y rutinas de comportamientos resistentes a los cambios del entorno con el paso del tiempo.

Pautas educativas

Debido a la alta relación que existe entre la aparición de patrones de comportamiento infantilizado-evitativo y el estilo educativo recibido, los adultos que rodean al niño, especialmente los padres profesores, son los principales agentes preventivos del problema.

Es importante que las intervenciones que se realicen en estos casos se centren en los siguientes aspectos:

  • Mejorar y desarrollar una buena autoestima: hacerles conscientes de sus cosas buenas, del valor del esfuerzo y del valor de asumir los defectos como parte de su persona.
  • No ceder a los chantajes, las manipulaciones o las estratagemas. Educarles en asumir y afrontar el NO, para reducir la intolerancia a la frustración.
  • Plantear una visión optimista de los problemas: los suspensos pueden ser indicativos de que existe un problema de base que requiere de atención (apoyo extraescolar, dificultades en la comprensión, miedo al fracaso, etc.)
  • Animarles a asumir sus responsabilidades y actos, evitando los reproches excesivos o las consecuencias fatalistas. Los errores deben formar farte del aprendizaje.
  • Motivarles a que tomen iniciativas para cambiar las situaciones difíciles que se les presentan, mediante el uso de técnicas cognitivas-conductuales de modificación de conducta, resolución de problemas, estilos de afrontamiento adaptativos, estilos comunicativos asertivos, etc.
  • Facilitarles el desarrollo de su propia independencia y autonomía del entorno, de tal manera promoverles a que diseñen nuevos retos y metas realistas y alcanzables para ir avanzando de una forma paulatina y tener así un desarrollo evolutivo y madurativo óptimo de acorde a su edad y circunstancias.

Sara Ortega Tapia, Neuropsicóloga de Fundación CADAH.

BIBLIOGRAFÍA

Barkley, R. A. (2006). Attention Deficit Hyperactivity Disorder. 3ª Ed. Nueva York: The Guilford Press.
R. Martin, S. Hernández, M.A., Alonso, M. Izquierdo, P. González-Pérez, J. Bravo. Procesos psicológicos complejos en niños con trastorno por déficit de atención con hiperactividad: una perspectiva neuropsicológica". Revista de Psiquiatría Infanto-Juvenil.

 

 
OriginalOriginal