Autismo: una breve mirada desde la neuropsicología / por : Ignacia Sanfuentes García Fonoaudióloga U. de Valparaíso / Diplomado en Neuropsicología Infantil, Pontificia Universidad Católica de Chile

La neuropsicología, rama de la neurociencia, dentro de otras cosas se enfoca en estudiar la relación entre el cerebro y las funciones psicológicas superiores tanto en sujetos sanos como en aquellos que han sufrido algún daño cerebral. Uno de los diversos cuadros clínicos en los que se ha desarrollado es el autismo, un trastorno del desarrollo de inicio temprano, que se da mayormente en hombres que mujeres (3:1) y afecta el modo como el niño ve el mundo, se relaciona con él y aprende de sus experiencias. Según los criterios diagnósticos actuales (CIE-10, DSM-IV) posee tres síntomas nucleares: alteración en la interacción social, dificultades en la capacidad de comunicación y restricción del ámbito de intereses.

Frecuentemente en los pacientes autistas se observan síntomas diferentes a los de la triada diagnóstica, por ejemplo respuestas anormales a los estímulos sensoriales, preocupación excesiva por algunos objetos y determinadas habilidades especiales. Estos son prescindibles para el diagnóstico, sin embargo nos sirven para comprender mejor el cuadro. Además, si sumamos los diferentes factores que influyen en los niños en el correr de los años, da como resultado diversos perfiles neuropsicológicos.

Algunos autistas presentan habilidades especiales en tareas cognitivas. Éstas pueden llegar a tener rendimientos sobre la norma y contrastan con el descenso en las áreas sociales y de comunicación. En relación al supuesto sustrato neuropsicológico, no es posible extraer un denominador común dado que estas habilidades son muy diversas. Sin embargo, su estudio ayuda a comprender neuropsicológicamente el autismo. Así, se puede observar que las habilidades especiales son altamente estructuradas, evidenciando algún tipo de facilitación por su regularidad (Mottron et al) que, a modo muy general, permiten agruparlas en tres tipos: las perceptivas, las memorísticas y las operativas. Por lo tanto, si estas habilidades especiales se mantienen en el tiempo y pasan a ser estables en su conducta, se convierten en uno de los tres criterios de diagnóstico clínico: ”comportamientos repetitivos y restricción de intereses".

Desde los años 80, la neuropsicología en el autismo comenzó a abrir nuevas líneas de trabajo, pasando de forma paulatina de las mediciones cognitivas a las de los déficit sociales y ejecutivos. Así surgieron dos importantes teorías: “la teoría afectiva” de Hobson (1986) y “la teoría de la meta representación” de Baron-Cohen (1988), que se sumaron a las clásicas mediciones cognitivas. Por lo tanto, realizar una evaluación a un niño autista es muy diferente en cada caso, según la presencia o ausencia de retardo mental, el grado en que se manifieste y las diferentes habilidades especiales que posea.

La triada diagnóstica del autismo interfiere en sus funciones cognitivas. Del punto de vista de la perspectiva neuropsicológica, los descensos cognitivos se relacionarían con las estructuras corticales y los déficit sociales a estructuras subcorticales. No obstante es muy complejo y difícil discriminar las funciones neuropsicológicas implicadas cuando interactúan entre sí y le sumamos la restricción de intereses. Dentro de las diferentes dificultades que presenta un niño con autismo, en general podemos ver que, en su lenguaje la producción es mejor que la comprensión; en las habilidades motoras, las finas son superiores a las gruesas; la manipulación está menos afectada que las habilidades verbales y la capacidad visoespacial es superior a las con requerimiento temporal.

Actualmente se considera que el autismo es un cuadro con base biológica y que puede estar asociado a diferentes enfermedades. En cuanto al sustrato neurobiológico de las alteraciones neuropsicológicas que se ven en el autismo, se puede señalar que es complejo y no está claramente definido. A grandes rasgos, es posible ubicar las estructuras responsables de la mayoría de los síntomas más característicos del autismo, siendo éstas el frontoestriado, las estructuras temporales mediales y sus conexiones con el sistema límbico y el cerebelo. El primero afecta a la memoria de trabajo, mecanismos de inhibición y la planificación, aunque a veces también origina estereotipas. Las segundas, controlan algunos aspectos sociales, las emociones y la memoria, mientras que el último, tiene relación con las habilidades visomotoras, la flexibilidad de la atención en algunos procesos de aprendizaje y en la conducta afectiva.

Se han realizado grandes avances desde que Leo Kanner describió el autismo 1943, sin embargo aún existen muchas preguntas sin respuestas. Además, dado las importantes repercusiones sociales y personales que presenta este cuadro a lo largo de toda la vida de un individuo, hace imprescindible continuar estudiándolo y la neuropsicología es otra forma de proporcionar información.