Estilo de Crianza, algunas consideraciones / por Dr. Alfonso Correa Del Río Psiquiatria Infantil y del Adolescente / U. de Chile / Ceril 2004

 

"Nadie nos enseña a ser padres", es la frase que comúnmente se escucha y se dice cuando vemos que nuestro hijo o hija no se ajusta a lo que nosotros esperamos de él, o cuando desobedece, o si es muy inquieto o si simplemente nos sentimos sobrepasados e impotentes y no sabemos como hacer para que nuestro hijo se de cuenta o sienta todo lo que lo amamos. Y es verdad que no contamos fácilmente con buenas herramientas para decidir que sistema utilizaremos dentro de la crianza de nuestro hijo. Hemos sido educados de una forma, nuestra pareja lo ha sido de otra y vemos a amigos, vecinos y otros, cada uno con su sistema, y nos cuesta llegar a un acuerdo.


Para muchos padres es difícil decidir que actitud tomar en cada situación con un hijo: cómo enseñar, cómo entregar confianza, cómo entregar y recibir afecto, cómo hacer ver que hay cosas que se pueden hacer y otras que no, cómo enseñar lo que es peligroso, cómo trasmitir tranquilidad y seguridad, cómo hacer que se hagan responsables, cómo ayudarlos a ser felices, cómo controlar la inquietud, cómo hacer que mantengan la atención, cómo entretenerlos o cómo hacer para que aprendan a entretenerse, …etc.


Existen dos aspectos importantes de considerar. Una, que en todo adulto que interactúa en forma cercana y mantenida con niños y/o jóvenes surgen los deseos de participar del desarrollo de éstos, ser parte de su formación, de la adquisición de conocimientos y destrezas, lo que permite que exista una relación con diversas personas distintas a la familia nuclear (otros familiares, profesores, monitores de grupos, etc.). Dos, que desde antes de nacer, durante el embarazo, todo individuo está expuesto a la vida de su madre, a sus emociones, reacciones y acciones, así como a las de los demás adultos y niños que vivan en su entorno, y que, mientras menor es el niño, mayores son las huellas que va dejando el modo de cómo nos relacionemos con él.


Una de las situaciones más estudiadas y que más frecuentemente son generadoras de conflictos, es el cómo hacemos ver a nuestro hijo o hija que hay cosas que si se pueden hacer y otras que no, cosas que están bien y cosas que no, conductas sanas y positivas y otras peligrosas o dañinas, que acepten que no todo lo que se quiere se puede y que no todo lo que se puede se debe. Es aquí en donde surgen la impotencia y rabia de los padres, los castigos, las agresiones (verbales y físicos), los miedos y rebeldías de los hijos, etc.


A continuación, presento algunas consideraciones esenciales para decidir cómo actuar ante los hijos, como padres o adultos responsables, para favorecer el sano desarrollo de éstos:


1. Es imprescindible comprender que el niño debe aprehender el cómo actuar, no nace sabiéndolo, por lo tanto no se le puede exigir algo que no se le ha enseñado.
2. Saber y comprender que existen periodos normales de rebeldía, como las pataletas del niño de 3 años a 3 años y medio, los correspondientes a la adolescencia y los momentos de rebeldía que son en respuesta a una situación emocional conflictiva, ante los que se debe actuar con serenidad, firmeza, ternura y confianza.
3. Mientras exista mayor acuerdo y coherencia entre la actitud de todos los adultos que comparten con el niño, mayor será la claridad del mensaje para éste, menor será la confusión y mayor será el aprendizaje adecuado.
4. La actitud y mensajes hacia el niño deben ser acordes a la edad de éste, siendo distintas las necesidades a cada edad.
5. El castigo es una herramienta de crianza posible y útil, pero antes que ésta, existe el diálogo acorde a la edad y la actitud clara, firme y tranquila que señale y muestre lo que se espera del menor. Saber decir que "no" a lo que es "no", y actuar en consecuencia, habiendo decidido de antemano en qué cosas se puede ceder y en qué cosas no (ya que firmeza y claridad no es lo mismo que rigidez o inflexibilidad).
6. Antes también que castigar ante la conducta negativa es más productivo el reforzar la conducta deseada o positiva, felicitándole.
7. Es necesario no condicionar el acercamiento afectivo a la presencia o no de conductas "buenas" o "malas", Yo no demostraré mi cariño solo si mi hijo me obedece, o no me limitaré a decirle te amo sólo si es un hijo "modelo".
8. Establecido un castigo ante determinadas conductas, es más beneficioso cuando se cumple lo siguiente:


· Haber sido acordado previamente entre los adultos responsables, con la participación del niño de acuerdo a su edad, es decir que el niño sepa de antemano qué es lo que ocurrirá si hace tal o cual cosa.
· Castigar privando de actividades que como padres encontremos que no son escenciales para el desarrollo sano de nuestros hijos.
· Ser dado inmediatamente de ocurrida la conducta indeseada, (por el adulto que se encuentre en ese momento con el niño), para que se comprenda que el castigo es por esa determinada conducta y no porque el niño en si sea "malo".
· Debe ser corto. Los que duran mucho tiempo no motivan a un cambio en la conducta, si no que aumentan la desesperanza y la auto y hetero depreciación.
· Ser coherente, en relación a la magnitud de la situación que se está castigando y mostrar una actitud similar a lo largo del tiempo.
· Ser consistente. Que efectivamente se haga cumplir, sin existir desautorizaciones que sólo promueven el que uno mismo como padre enseñe a no respetar lo que uno dice o que no se respete lo que otro adulto dice.


9. Comprender que la agresión físico y psicológica (ridiculizaciones, amenazas y privación de afecto), distancia a padres de hijos, no enseña la conducta adecuada, hace actuar motivado por el miedo y no por la comprensión de lo que es bueno y da un modelo de resolución de problemas por la vía de la agresión. Además esto será imitado durante la niñez y frecuentemente será el estilo de relación con las demás personas cuando sean adultos.

Es así como, junto con muchos otros elementos necesarios para la adecuada interacción entre padres e hijos, se permitirá el desarrollo sano de personas en un ambiente de cercanía y calidez afectiva, el cual será gratificante para todos y cada uno de los miembros de una familia.